Cada vez son más las mujeres que practican deporte y cada vez con más nivel. Muchas por iniciativa propia, por puro placer, otras por motivos de salud y/o estética y otras introducidas por sus parejas. Sea la razón que sea es motivo para celebrar y cada vez se hace más hincapié en promocionar el deporte femenino desde diferentes organismos, asociaciones, comercios, etc. Pero muchas veces se cae en una postura paternalista que no favorece y a la larga limita el potencial femenino, aunque se haga con la mejor intención posible. Por ello he querido hacer una crítica constructiva, analizando 4 situaciones en las que el paternalismo limita el deporte femenino.

 

El paternalismo se define, según la Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Paternalismo) como “tendencia a aplicar las normas de autoridad o protección tradicionalmente asignadas al padre de familia a otros ámbitos de relaciones sociales tales como la política y el mundo laboral. Su aplicación conlleva una reducción de la libertad y autonomía de la persona o grupo sujeto a trato paternalista, y la justificación utilizada es la protección de la persona o grupo frente al posible daño que esa persona o grupo pudiera causarse a sí mismo en caso de disponer de mayor autonomía y libertad.”

 Mujer y deporte

Vista la definición, pasaré a comentar distintas situaciones que pueden enmarcarse dentro de conductas paternalistas y que quizás os suenen:

  • No salgas sola, la carretera es peligrosa. Gracias por querer cuidarnos, pero al fin y al cabo la carretera es peligrosa para tod@s... ¿no? ¿Qué nos hace pensar que es más normal que un hombre salga solo? ¿Qué nos hace ver a la mujer como más frágil? En este contexto es una persona sobre dos ruedas, una vida, sea del sexo que sea, expuesta exactamente al mismo riesgo.
  • Ya lo hago yo, no te preocupes. Gracias por querer ayudar, pero igual que tú eres capaz de hacerlo y si no lo aprendes, yo soy capaz de hacerlo y si no, pues también lo aprendo. Por parte del hombre, el querer ayudar, no dejar que nos manchemos, facilitarnos las cosas, ir más rápido… es decir, demostrar que “soy un hombre” limita la autonomía de la “dama”. Y por parte de la mujer, aprovechamos este trato para desinteresarnos y acomodarnos, pero también para volverte dependiente. Si no sabes hacerlo tú misma siempre dependerás de otra persona.
  • ¡Que machota o machorra! Expresión multiempleada en distintas situaciones que ¿son sólo propias de los hombres?
    • Que me guste el deporte, que entrene hasta bañarme en sudor, que tenga que tirar mocos mientras corro, que mes esfuerce hasta llegar al final, que gruña, que no llore cuando caigo, que me levante y continúe a pesar del dolor. ¿Por ser y comportarme como una deportista dejo de ser femenina?
    • Que haga las cosas por mí misma y sea autosuficiente. ¿Es cosa de hombres saber sacarse las castañas del fuego?
    • Que rinda más, vaya más rápido, tenga más fuerza, tenga más musculatura que algunos hombres. Si una mujer puede más que tú, ¿es porque es machorra? Quizás deberías trabajar tu autoconcepto y tu sistema de atribución de la responsabilidad.
  • Eventos exclusivamente para mujeres. Hay situaciones en las que es mejor hacer grupos separados por sexo para aumentar la comodidad de la persona y que pueda expresarse con más facilidad. Pero muchos eventos deportivos exclusivos para mujeres son un arma de doble filo. Suelen estar dirigidos a la iniciación deportiva y a veces se ven como “cosas de mujeres”, circunscribiendo el grueso del deporte femenino como de segundo nivel. La exclusividad femenina puede que haga más fácil el acercamiento de algunas mujeres al deporte, pero también contribuye a la idea de la necesidad de un espacio protegido y de suavidad o bajo rendimiento, aumentando diferencias entre sexos que afianzan estas ideas de debilidad.

 

No pretendo ser radical, todo tiene muchos matices, simplemente es una reflexión desde un punto de vista crítico y desde la creencia que desde el respeto y el no juicio, mujeres y hombres pueden iniciarse, compartir y dedicarse al deporte de manera más natural, mostrando su potencial sin nada que lo limite. Mujer, deporte, potencia, belleza, autonomía, fuerza, rendimiento, independencia, valentía, decisión, feminidad … conceptos que no deberían sorprendernos verlos en conjunto, ni considerarlos casos puntuales, sino como algo natural y cada vez más numeroso.

Publicado en Coaching
Miércoles, 24 Junio 2015 00:00

Mujer y deporte

Conocemos que practicar deporte es beneficioso para todo el mundo y en este post quiero insistir en la importancia que tiene para la mujer, sobretodo en momentos de cambio.

Practicar deporte nos brinda un espacio único, y realizarlo junto a otras mujeres nos ofrece un área de comprensión, normalización y apoyo. El objetivo es activarse y buscar alternativas para mejorar la calidad de vida, promoviendo cambios e instaurando hábitos saludables. Hay muchos tipos de actividad física, hablar de deporte no significa hablar de alto rendimiento, sino que hay muchas y muy diversas maneras de practicarlo, ajustándolo a cada etapa, nivel, necesidad y motivación.

Sea como fuere, el deporte nos da energía, mejora nuestro sistema músculo-esquelético, nos pone en forma, mejora nuestra autoimagen, contribuye a una mejor concentración, memoria y relajación, nos libera, nos ofrece otro grupo de iguales, otro ambiente, etc. Y ¿por qué digo que es especialmente importante en momentos de cambio?    

Hay momentos críticos en nuestras vidas, momentos de tomar decisiones, en los que cambia la dinámica, en los que cambiamos nosotras, momentos en los que debemos ajustarnos a una nueva vida, gestionar nuestro tiempo y afrontar cambios. Algunos de estos momentos pueden ser: 

  • Embarazo y lactancia, momento que afecta tanto al área física (silueta corporal, movilidad, etc.) como psicológica (distintas actividades e intereses, gestión del tiempo, negociaciones con la pareja, etc.) Del mismo modo cuando los hijos dejan de depender de nosotras y/o salen del nido.
  • Menopausia, donde acontecen una serie de cambios como síntomas fisiológicos (sofocos, mareos, sequedad vaginal, insomnio, etc.), aumento del riesgo de osteoporosis y son muy comunes los estados depresivos, cambios emocionales y sobretodo la preocupación por la silueta corporal, que empieza a cambiar la distribución de grasas y tiende a engordar.
  • Tras determinadas enfermedades, operaciones y tratamientos, como por ejemplo en el cáncer de mama, donde la mujer debe atravesar una etapa de fuertes cambios y la necesidad de adaptarse a estos de la manera más funcional. 

 

mujer y deporte

Mi trayectoria tanto profesional como personal, no me deja duda sobre los beneficios del uso del deporte en el día a día y especialmente ante situaciones difíciles. Del mismo modo, la oportunidad de poder ver las cosas desde otro punto de vista, aumentar el propio autoconomiento y la autoestima son claves en situaciones de cambio, previniendo estados de ansiedad o depresión.

Publicado en Coaching
Viernes, 10 Junio 2011 00:00

Toma cartas en el asunto

Como psicóloga a menudo invito a mis pacientes a poner su vida en orden en todos los aspectos antes de dar por acabado el tratamiento. Muchas veces aparecen durante el trascurso de la terapia temas por tratar que no tienen que ver con el motivo de consulta original.

Este fue el caso de Marta, que acudió a mí porque llevaba muy mal la reciente separación de su pareja. El proceso de duelo por el que pasaba por momentos parecía no ser del todo normal y, como es habitual en estos casos, la persona siente que nunca se acabará el sufrimiento. Con el trabajo terapéutico que realizamos, ha alcanzado una mejoría muy notable. Su tristeza se fue aplacando poco a poco y fue capaz de ir rehaciendo su vida a su gusto. En este caso, el rehacer su vida, implicaba realizar cambios importantes, partiendo casi desde cero (cambio de casa, cambio de trabajo porque trabajaban juntos, desarrollar nuevas amistades ya que las antiguas eran un grupo de parejas, etc.). Como parte de este trabajo hemos revisado e investigando juntas sus debilidades, sus fortalezas, sus gustos y sus valores. Reflexionando Marta se dio cuenta de lo poco a gusto se sentía con su cuerpo, al que no valoraba en absoluto y al que sentía más como un estorbo que otra cosa. El sobrepeso que tenía creo la hacía preferir olvidar ese tema.

En este caso mi decisión era no dar por terminado el tratamiento por mi parte hasta no asegurarnos de que ella realmente había conseguido tomar cartas en el asunto, tal como lo hizo. Creo que como terapeutas tenemos la obligación de promover un nivel de salud global, recordando que mente y cuerpo son uno, que somos nosotros. No podemos idealizar a una de estas partes en detrimento de la otra.

No estamos totalmente bien hasta que no nos sentimos totalmente bien.

Mi invitación es a que te preguntes ¿Soy todo lo feliz que puedo ser?

Publicado en Opinión

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