El pasado mes de junio 2013, se publicó el informe: Estimaciones globales y regionales de la violencia contra las mujeres: prevalencia y efectos en la salud de la violencia en la pareja y abusos sexuales fuera de la relación de pareja. Este documento, elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Escuela de Londres de Higiene y Medicina Tropical (The London School of Hygiene and Tropical Medicine) y el Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica  (The South African Medical Research Counsil), presenta la primera revisión sistemática global sobre la prevalencia de dos formas de violencia contra las mujeres: la violencia por parte de su pareja y la violencia sexual por parte de alguien que no es la pareja.

El trabajo muestra, por primera vez, estimaciones globales y regionales de la prevalencia de estas dos formas de violencia, generadas con los datos de población de todo el mundo, que se han recopilado de forma sistemática.

El informe también detalla los efectos de la violencia sobre salud física, mental, sexual y reproductiva de las mujeres.  De este modo, se ha puesto de manifiesto que la violencia contra la mujer es un problema de salud pública, así como una violación de los derechos humanos de las mujeres.

Algunos de los resultados más destacables son:

El 35% de las mujeres de todo el mundo ha experimentado algunos de los dos tipos de violencia evaluados.

La mayor parte de esta violencia, es la que se da dentro de la pareja. A vinel mundial, casi un tercio (30%) de todas las mujeres que han tenido una relación, ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de su pareja. Si tenemos en cuenta algunas regiones concretas, el porcentaje asciende al 38%.

A nivel global, el 38% de los asesinatos de mujeres, son cometidos por sus parejas.

Las mujeres que han sido maltratadas física o sexualmente por sus parejas, tienen más probabilidad de tener problemas importantes de salud. Por ejemplo, son un 16% más propensas a tener un bebé de bajo peso al nacer, tienen más del doble de probabilidades de tener un aborto, casi el doble de probabilidades de sufrir una depresión y, en algunas regiones, 1,5% más de probabilidad de contraer el HIV, en comparación con las mujeres que no sufren maltrato por parte de sus parejas.

A nivel mundial, el 7% de las mujeres han sido asaltadas sexualmente por un agresor que no era su pareja. Hay pocos datos sobre los efectos en la salud de este tipo de agresiones, sin embargo, la evidencia revela que las mujeres que han sufrido este tipo de violencia son 2,3 veces más propensas a tener un consumo abusivo de alcohol y 2,6 veces más de sufrir depresión o ansiedad.

De estos datos, se deriva que hay una clara necesidad de intensificar los esfuerzos tanto para procurar prevenir la violencia, como para proporcionar los servicios necesarios para las mujeres que ya la sufren.


Las variaciones en la prevalencia, que se dan según los países y regiones, ponen de manifiesto que la violencia se puede prevenir. Para ello es necesario promover los factores económicos y socioculturales que fomenten que se detenga la violencia contra las mujeres, como por ejemplo, asegurar los derechos económicos y legales de las mujeres, eliminar las desigualdades de género en el acceso al empleo o reducir la exposición infantil a la violencia.

Además de la prevención, otro objetivo pendiente del sector sanitario, es proporcionar una atención adecuada a aquellas mujeres que ya han sufrido violencia de algún tipo. Las nuevas guías clínicas y políticas de la OMS, hacen hincapié en la necesidad de integrar cuestiones relacionadas con la violencia en la formación clínica. Es importante que los profesionales de la salud entiendan la relación entre la exposición a la violencia y la mala salud de las mujeres, para que puedan detectarlo lo antes posible.

Este trabajo pone de manifiesto que la violencia contra las mujeres es un fenómeno generalizado a nivel mundial. No se trata de un pequeño problema aislado, sino que es un problema de salud pública a nivel mundial, de proporciones epidémicas y que requiere acciones inmediatas.

 

El informe completo se encuentra en: http://infocoponline.es/pdf/InformeViolenciaOMS2013.pdf

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Cuando nos pasa algo malo todos nos sentimos desvalidos, nos invade la tristeza, vemos el futuro negro y cada pequeño esfuerzo se nos hace un mundo. Pero no todos vivimos los fracasos de la misma manera. Hay a quien este sentimiento le dura un corto período de tiempo y hay quien puede permanecer así semanas o meses, agravándose los síntomas hasta llegar a una depresión. Entre el primer y el segundo grupo de personas hay una diferencia fundamental y es la pauta explicativa que dan a cualquier situación adversa.

Esta forma de explicarse a sí mismo las cosas es la clave del proceso que conducirá a la esperanza o a la desesperanza. Una pauta explicativa pesimista da explicaciones a los sucesos adversos del tres tipos: - personal (la culpa es mía) - permanente (siempre será así) - penetrante (esto arruinará mi vida). Cuando uno explica un fracaso de manera permanente y global lo que está haEsto nos creará unas expectativas negativas y pensaremos que por muchas veces que lo intentemos siempre nos rechazarán y que no se trata de esa persona en particular, sino todas las personas que intentemos amar. Lo único que estamos haciendo es arruinar nuestras futuras búsquedas de amor. Además, si uno cree que también hay una causa personal: "No soy digno de que me amen" entonces también sufrirá su autoestima. Si lo ponemos todo junto y lo agitamos tenemos un tremendo cóctel de desesperanza perfecto para derrotarse a uno mismo: darse explicaciones personales, permanentes y globales para las cosas malas que nos suceden.

No es fácil cambiar la manera de pensar, pero darse cuenta de que tenemos unos esquemas disfuncionales para explicarnos ciertas cosas es el primer paso para intentar cambiarlos. Tenemos que pensar en que beneficios nos trae el ser tan pesimista (seguro que alguno hay) y sopesarlos con los prejuicios... y al final tenemos que llegar a la conclusión de que nadie más que nosotros mismos nos puede brindar la serenidad y la felicidad.

Si nos vemos atrapados por nuestros propios pensamientos es la hora de plantearnos el acudir a buscar ayuda profesional. Se puede vivir de una manera mucho más saludable cambiando algunos hábitos mentales y procurando potenciar nuestra inteligencia emocional, igual que podemos hacerlo con hábitos físicos, como hacer deporte o llevar una dieta sana. Tomemos un papel activo en la búsqueda de nuestro propio bienestar!

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