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Miércoles, 22 Marzo 2017 00:00

Deporte, estado de ánimo y sexualidad

En el post anterior cuerpo sano, mente sana vimos algunas de las razones por las que el deporte nos proporciona salud física y mental. Sexualmente, encontramos que la conexión cuerpo-mente vuelve a ser un todo y por ello la relación deporte y sexualidad da mucho que hablar.

 

Deporte y salud sexual se relacionan desde la parte más física y fisiológica, según diversos estudios, en cuanto a que:

  • Al mejorar la presión sanguínea y la circulación, el deporte tiene un papel importante para la prevención y mejora de la disfunción eréctil en el caso de los hombres. En el caso de las mujeres, se eleva el flujo sanguíneo en el clítoris, mejorando los orgasmos.
  • La mejora del tono muscular pélvico contribuye también a una mejor sensación del orgasmo, así como a la prevención de la continencia urinaria y disfunciones sexuales.
  • Al tonificar la musculatura en general, nos sentimos con más vigor y, ya conectando con el plano psicológico, más a gusto con nosotros mismos, un punto clave para el erotismo.

                                                                          

                                                                    

 

Si el deporte tiene beneficios psicológicos, en cuanto a la mejora del bienestar y estado de ánimo, podemos intuir su relación con la sexualidad desde el plano psíquico. Y es que el estado de ánimo influye y condiciona el funcionamiento sexual, es decir, un buen estado de ánimo nos permite una mejor predisposición para iniciar y disfrutar del sexo.

¿Cuáles son los mecanismos por los que el deporte mejora el estado de ánimo? Mediante el ejercicio físico se estimulan muchas áreas de nuestro organismo, pero fundamentalmente son tres las sustancias implicadas en esta relación del deporte con la mejora del estado de ánimo y sexualidad.

  • Endorfinas: las endorfinas son un analgésico natural, unos neurotransmisores liberados por la hipófisis (estructura cerebral) que se encargan de estimular zonas del cerebro que producen placer. Con el deporte se estimula la liberación de endorfinas y sus beneficios:
    • Disminuye el estrés mental. Sensación de relax​.
    • Fuente de placer. Aumento deseo sexual.
  • Serotonina: la serotonina es otro neurotransmisor que participa, entre otras cosas, en la regulación del estado de ánimo. Regula el sueño y eleva la moral (antidepresivo), facilitando estados de bienestar, tranquilidad, placer y euforia. Además, tiene un importante papel en la capacidad de amar.
  • Dopamina: es el neurotransmisor de las emociones fuertes. También es la causa de las sensaciones de placer y relajación, tiene un importante papel en la motivación y la satisfacción.

Otrosneutrotransmisores como la noradrenalilna, responsable de la excitación y la energía, y hormonas como la testosterona y estrógenos, responsables del deseo sexual, también son estimulados mediante el ejercicio físico y en mayor o menor medida interaccionan con la sexualidad.

Queda claro que la práctica deportiva y sus beneficios, sobretodo el efecto anti-estrés, de relax, de mejora del humor y actitud positiva, etc. Nos permiten aumentar nuestra capacidad y deseo para sentir placer. Y como un pez que se muerde la cola, una buena salud sexual nos permitirá mantener un estado de ánimo más positivo.

 

 

Publicado en Coaching
Jueves, 09 Marzo 2017 00:00

¿Por qué mienten los niños?

Mentir es una parte natural del desarrollo mental del niño y ciertas mentiras son positivas, pero si tu hijo es muy pequeño, es peligroso que se dé cuenta de que alterando la realidad obtiene un beneficio, porque así aprende a decir mentiras para evitar sus responsabilidades, y de adolescente engañará para probar sus propios límites y salirse con la suya. 

A partir de los 5 años se da el inicio de la etapa de las mentiras infantiles. Estos embustes, tienen una intencionalidad clara y definida, orientada a distorsionar y falsear la realidad para obtener una ganancia. Es cuando ya suelen distinguir la diferencia entre lo que es cierto y lo que no lo es, aunque aún no tienen claro que mentir sea algo incorrecto. Las mentiras pueden producirse tanto por inseguridad y falta de autoestima (que intentan ocultar mediante la mentira) o bien para probar y ver las reacciones de los adultos y comprobar hasta dónde pueden llegar. En algunos casos, se trata de una forma de obtener afecto.

 

¿Por qué miente mi hijo?

 

Las razones más señaladas son las siguientes:

 

-Imitación. Un menor que ve como la mentira es utilizada por los adultos para obtener algún beneficio tiende a imitar estos engaños.Si ellos observan y viven la mentira de manera cotidiana, aprenden a hacerlo como algo normal y cotidiano. Es el caso del niño que escucha a su madre negarse al teléfono "dile que no estoy…"

 

- Frustración. Un ejemplo de esto es el menor que cuenta que tiene muchos juguetes porque en realidad tiene muy pocos.

 

- Llamar la atención, inventar una dolencia, falsear sobre un posible problema. El pequeño emplea estos embustes para captar la atención del adulto, en ocasiones, porque se siente desatendido.

 

- Miedo al castigo. El temor a la reprobación o reprimenda por parte de un adulto es uno de los principales motivos de la mentira infantil. Los pequeños falsean la realidad para evitar los posibles castigos. Si el niño sabe que, por ejemplo, al llevar una nota mala del colegio, su mamá se va a enfandar o le va a prohibir ver televisión, seguramente dirá que no le han entregado sus calificaciones aún…

 

- Exceso de exigencia. Poner el listón muy alto a nuestros hijos puede provocar que mientan para hacer creer que están al nivel que les exigen y no defraudarles.

 

 

¿Cómo actuar ante las mentiras?

 

Si miente a menudo, lo primero que se debe hacer es averiguar el porqué de ese comportamiento, además de seguir una serie de pautas:

 

- Dar ejemplo: es difícil pedirle que no mienta si nosotros lo hacemos de forma habitual. Frases tan comunes como “Si me llaman por teléfono, di que no estoy”, pueden confundir al niño si luego le recriminamos por decir él algo parecido.

 

- Crear un clima de confianza que le sirva para tener la seguridad de que puede contarnos todo con tranquilidad y sin miedo.

 

- Explicarle la diferencia entre la verdad y la mentira. Esto es especialmente importante en edades tempranas, donde, además, ajustaremos la explicación a su edad.

 

- Felicitarle cuando nos diga la verdad, especialmente si la misma conlleva riesgo de ser castigado. Por supuesto, si ha actuado mal y nos lo confiesa sin mentir no significa que no le debamos castigar, sino que separemos lo que es un comportamiento inadecuado por su parte de lo que el niño significa para nosotros: le queremos por sí mismo, no por sus actos.

 

-Darle la oportunidad de ser sincero, aunque esto implique un castigo. Debemos reforzar la valentía que muestra al decir la verdad.

 

-Liberarse de actitudes neuróticas. Muchas veces reaccionamos con ansiedad ante la simple posibilidad de la mentira: “¿Habrá dicho o no la verdad?”. Y cuando la mentira es descubierta, entonces se acosa al niño, se multiplican las preguntas y los interrogatorios... y, haciendo gala de una gran desconfianza, ya no se le cree, aunque diga la verdad.

 

- No reaccionar de forma desproporcionada cuando mienta, siendo preferible reprenderle o comentar lo ocurrido en privado que hacerlo en público. 

Si crees que el caso de tu hijo es más complicado de lo que he comentado en estas líneas, encuentras que miente de  manera compulsiva y la situación está fuera de tu control, puedes contactar conmigo para que abordemos el tema de una forma profesional. 

 

 

Publicado en Terapias

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