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Viernes, 02 Diciembre 2016 00:00

Nuestro hijo/a en duelo

Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos pasado por una fase de duelo. El duelo es la reacción a una pérdida: la muerte de un ser querido, la separación de los padres, una separación de pareja, un cambio drástico de residencia a un país lejano…Suele acompañarse por diferentes sentimientos y emociones como la culpa, la ansiedad, la soledad, la fatiga, el anhelo y el shock, entre otros.
Con el duelo no sólo se va la persona perdida, sino también todas aquellas esperanzas y expectativas que no se podrán realizar.
No es de extrañar que nuestros hijos también experimenten alguna pérdida en edades tempranas: la muerte de un abuelo, de un padre o madre, de un hermano o una separación. Para ello es importante comprender que la capacidad del niño para entender la muerte va evolucionando según su edad y según la relación que había mantenido con la persona que nos ha dejado.

                                                 
Comprensión del concepto de muerte según la edad:


• De 0 a 3 años: No existe el concepto de muerte. No distinguen entre lo vivo y lo muerto. Reaccionan ante la nueva situación de que hay alguien que falta y notan que esto ha causado algunos cambios (sobretodo dependiendo de la relación que mantenían con el ser querido).
• De 4 a 6 años: Ya empiezan a utilizar los términos de vida, muerte...comienza una etapa de comprensión del concepto de muerte. Diferencian lo animado de lo inanimado. A veces pueden pensar que la persona sigue viva “en el cielo” y se hacen muchas preguntas: ¿Los muertos se alimentan?, ¿Cómo respiran?, ¿Pueden jugar allí?, ¿Cuándo volverán?. En estas edades pueden manifestarse algunos sentimientos de tristeza o enfado, regresión a comportamientos anteriores (chuparse el dedo, hacer-se pipí en la cama…) o dificultades de concentración.
• De 6 a 9 años: Al poseer más vocabulario, entienden el concepto de muerte y vida, relacionándolos con salud o enfermedad. Suelen ser muy curiosos acerca del proceso de la muerte, qué pasa después...y a veces relacionan la muerte con algún personaje fantástico o la personifican con esqueletos y fantasmas. Pueden aparecer miedos por si le pasa lo mismo a seres más cercanos y lo expresan en forma de irritabilidad, llanto, negación, aislamiento, bajo rendimiento escolar…
• Más de 9 años: Comprenden que la muerte es un estado irreversible y permanente.

 

¿Qué reacciones solemos encontrar en nuestros hijos ante la muerte de un ser querido?

• Perplejidad: Confusión, no se lo creen.
• Regresión: Reaparecen conductas que ya había superado
• Ambivalencia: Parece no afectarles la noticia en absoluto. Suelen expresar sus miedos en pesadillas o pequeños ataques de rabia. Comprenden lo que ha sucedido pero no lo aceptan.
• Dolor: Sobretodo en el juego simbólico. Es posible que juegue con sus amigos a enterrarse, a hacerse el muerto…forma parte de su proceso de comprensión.
• Miedo: Pueden pensar que la muerte es contagiosa y tienen miedo a morir o a ser abandonados por el padre/madre/familiar cercano superviviente.
• Comprobación de la realidad: Al cabo de unas semanas o meses pueden volver a preguntar por la persona fallecida para comprobar que no volverá.
• Idealización: Por ejemplo “papá era la persona más fuerte y lista del planeta”…esos pensamientos les permiten mantener una relación imaginaria con la persona fallecida.
• Tomar el rol de la persona fallecida: Pueden asumir el rol del fallecido y cuidar de los demás.

                                                                               


El duelo es una fase vital que implica crecimiento y maduración. Te recomiendo que si tu hijo/a está pasando por un duelo, tomes como normales estas reacciones e intentes hablar con él sobre el tema de forma natural, sin esconderle nada y respondiéndole a sus preguntas y curiosidades sobre la muerte. Si hablamos de la muerte igual que hablamos de la vida, conseguiremos normalizar algo que forma parte de nuestra condición humana.
No hay que subestimar algunas reacciones a las que debemos estar alerta: pérdida de apetito, miedo a quedarse solo, muchas pesadillas, apatía, llanto excesivo, comportamiento infantil durante tiempo prolongado, dolores físicos o cambios en el rendimiento escolar.
Si percibes algunos de estos cambios en tu hijo/a a raíz de una pérdida u otro cambio vital significativo puedes consultarnos sin compromiso.

 

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