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Opinión

Opinión (23)

Viernes, 20 Enero 2017 00:00

LOS MIEDOS Y FOBIAS INFANTILES

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Los miedos infantiles son naturales y universales, ocurren como algo normal en el desarrollo del niño. Los niños no entienden el mundo que les rodea y esto les crea incertidumbre y miedo. Pero los miedos pueden ser perjudiciales, por ello debemos prestar atención a los miedos de los más pequeños.

Las reacciones habituales de los niños ante los miedos son las mismas que las que puede mostrar una persona adulta, aunque puede variar la intensidad de la respuesta. Un niño suele expresar miedo mediante conductas como llanto, gritos, irritación, huida o evitación de una determinada situación, temblores, sudoración, urgencia para orinar, aceleración cardíaca o tensión muscular, entre otras muchas.


Conviene distinguir entre aquellos miedos “normales” (propios de las distintas etapas del desarrollo) y otros miedos “clínicos” o fobias infantiles, las cuales se definen como patrones desadaptativos de respuestas de ansiedad de los tres sistemas (motor, fisiológico, cognitivo), ante estímulos específicos (oscuridad, animales, daño físico, etc).

 

 

El conjunto de respuestas que se incluyen en las fobias infantiles se caracteriza porque son respuestas que:

  • Resultan desproporcionadas a las demandas de la situación.
  • No pueden ser explicadas o razonadas.
  • Están más allá del control voluntario.
  • No se corresponden con las provocadas por los miedos específicos de la edad.
  • Persisten durante un extenso período de tiempo (más de dos años).
  • Son de tal intensidad que alteran el estilo de vida cotidiano del niño.

A continuación veremos las diferentes etapas de desarrollo, donde los niños van experimentando diferentes tipos de miedos infantiles.

Miedos según la etapa evolutiva

Las diferentes fases evolutivas del niño y adolescentes se asocian de manera más o menos específica a formas características de miedo. El contenido variado y cambiante de los miedos parece reflejar un proceso continuo de maduración cognitiva del sujeto a medida que avanza en las etapas del desarrollo.

Son distintas las causas o los motivos por lo que los miedos pueden llegar a no superarse. Expongamos algunos ejemplos: Padres con miedos que transmiten a sus hijos/as, falta de información sobre algún aspecto que los padres ocultan y ante la incertidumbre se genera temor en él/ella, imitación de alguna conducta miedosa de algún familiar o amigo, por experiencias negativas previas, por sobreprotección, por aportar información negativa sobre alguna conducta o situación, etc.

Los miedos vinculados a cada fase del desarrollo pueden considerarse, por tanto, como “miedos evolutivos”, que pueden resultar normales (no suelen ser muy intensos), específicos de cada etapa, y por tanto transitorios.

A continuación, expongo los contenidos de los miedos en relación a las etapas evolutivas.

 

EDAD

MIEDOS EVOLUTIVOS

6 meses a 2 años

Un bebé no expresa miedo propiamente hasta los seis meses. Pueden temerle a los desconocidos e incluso sentir ansiedad ante la ausencia de los padres, pero en general estos miedos son positivos y pueden indicar, incluso, una cierta madurez.

3-4 años

Sus miedos se hacen más patentes. Su imaginación les juega malas pasadas y elucubran acerca de los monstruos que se esconden en la oscuridad. También les asusta el daño físico y aparece el miedo a los fenómenos naturales (truenos, viento, terremotos).

5-6 años

Mantienen el miedo a separarse de sus padres, a los animales, a la oscuridad y al daño físico, pero además se suma el miedo a seres malvados (ladrones, secuestradores) y personajes imaginarios (brujas, fantasmas, el coco, personajes de dibujos animados). Tampoco les gustan los médicos, sobre todo si llevan bata blanca, y les preocupa la enfermedad y la muerte.

7-8 años

El niño sigue teniendo miedo a la oscuridad, a los animales y a los seres sobrenaturales, y añade su temor a hacer el ridículo por la ausencia de habilidades escolares, sociales o deportivas.

9-11 años

Disminuye su miedo a la oscuridad y a los seres imaginarios, pero ahora son especialmente sensibles al colegio (exámenes, suspensos), a la aceptación social (integración en el grupo, aspecto físico), a la soledad, a la enfermedad y a la muerte.

12-14 años

Se reducen significativamente los miedos a animales y a estímulos concretos para ir dando paso a preocupaciones derivadas de la crítica, el fracaso, el rechazo por parte de sus iguales (compañeros de clase), o a amenazas por parte de otros niños de su edad y que ahora son valoradas con mayor preocupación.

15-18 años

Se siguen manteniendo los temores de la etapa anterior pero surgen con mayor fuerza los relacionados con las relaciones interpersonales, el rendimiento personal, los logros académicos, deportivos, de reconocimiento por parte de los otros, etc.

Decaen los temores relacionados con el peligro, la muerte. La adolescencia es una etapa de “ruptura” con la barrera protectora familiar y la necesidad de búsqueda de la propia identidad.

Consejos para hacer frente al miedo:

  • En primer lugar debemos respetar y aceptar su miedo, por ridículo, incoherente o poco razonable que nos parezca. Quitarle importancia o minimizar el valor que para él/ella tiene, nos alejará de ellos.
  • No criticarle, castigarle o ridiculizarle por su miedo.
  • Ayudarle a que describa su miedo, descubrir qué hay realmente tras este y qué es lo que teme. Permitir que se desahogue y hacerle ver que le escuchamos y que nos preocupamos por su estado.
  • Tener un talante comprensivo. Procurar que no se sienta avergonzado ni regañado y transmitirle seguridad y confianza, siempre con un tono relajado.
  • No lanzarle o exponerle directamente a su mayor temor. Es recomendable acompañarle en un inicio hasta que se sienta más seguro para afrontarlo solo/a. Para ello, si el temor es grande, podemos dividirlo, o realizar una jerarquía con situaciones relacionadas que sean menos aversivas para él/ella para que poco a poco vaya ganando confianza, hasta que finalmente se consiga motivarle para enfrentarse a su gran temor.
  • Reforzarle positivamente por cada pequeño acercamiento que haga hacia la superación de su miedo, aunque al principio sea con nuestra ayuda, sin forzarlos y elogiando sus conductas valerosas.
  • Enseñarle cómo tú, u otros, te expones a lo que él/ella teme y que observe cómo realmente lo que teme no llega a suceder. No le obligues posteriormente a exponerse él, simplemente con que lo observe ya es un gran paso. Además, enseñarle maneras de contrarrestar la ansiedad: escuchar música, relajarse, o actividades que le mantengan ocupado (contar fichas, enumerar comidas favoritas).


Para concluir, saber que no debemos evitar que nuestros hijos/as sientan miedo, pues como dijimos en líneas anteriores, sentir miedo no solo es normal, sino necesario para la prevención y preparación de muchas situaciones. Pero si observamos que a pesar de que el tiempo transcurre nuestro hijo/a no es capaz de superar sus miedos, debemos plantearnos el acudir a un psicólogo que pueda hacer una correcta evaluación, pues en ocasiones un miedo excesivo no resuelto puede terminar generando algún tipo de fobia o ansiedad.

 

 

Lunes, 16 Marzo 2015 00:00

¿Qué es la co-dependencia?

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Pero ¿Qué es la co-dependencia? El término fue utilizado por primera vez para referirse a los familiares de alcohólicos, en el sentido de que también son dependientes. Ser codependiente significa que uno niega inconscientemente sus propios deseos, necesidades y los proyectos vitales para estar a disposición del adicto. Sencillamente no está en contacto con sus propias necesidades e intereses porque se está más pendiente de ayudar a los demás que de uno mismo. El codependiente vive en función de las necesidades de su pareja, de sus padres, de sus vecinos, de la sociedad, de cualquier elemento externo, cuyo bienestar y aprobación aparentemente son más importantes que el propio.

¿Por qué una persona puede volverse co-dependiente? Las causas pueden ser muy diversas. Algunas teorías sostienen que a nivel no-consciente podemos encontrar un niño interior que demanda ser querido como forma de re-asegurarse. Hará todo lo posible para no ser abandonado, aún a expensas de sacrificarse por los demás hasta la autoinmolación, encubrir, mentir, engañar y convencerse a sí mismo de que está actuando correctamente. El miedo a ser abandonado es tan grande e insoportable que el codependiente prefiere abandonarse (a sí mismo, a sus deseos y en última instancia a su propia persona) que volver a experimentar el dolor de ser abandonado por el otro. Apenas tiene importancia si estas relaciones son buenas o malas, lo principal es que exista algún tipo de relación, de vínculo y de necesidad.

Orígenes del término. La codependencia fue descrita por primera vez por Anne Wilson Schaef en el año 1986. Argumentó que el exceso de consideración y sacrificar la propia vida no eran reacciones normales frente a una persona adicta y definió esta conducta como enfermedad y le puso nombre. La disposición a negar las propias percepciones y a adoptar la forma de pensar y sentir enfermiza de otra persona y reforzarla muestra claramente que algo no funciona correctamente en la mente del codependiente. Poco a poco el concepto co-dependencia fue ampliándose y en la actualidad en los grupos de autoayuda se utiliza más frecuentemente que el de adicción a las relaciones.

Otra autora muy importante que puso el tema sobre la mesa fue Robin Norwood para quien la co-dependencia es “la adicción de ser necesitado”. El hecho es que se trata realmente de una adicción, ya que los codependientes no pueden dejar de ofrecer a los demás su apoyo incluso siendo conscientes de que les perjudica, de que enferman. 

¿Cómo se siente el co-dependiente? Frecuentemente el co-dependiente se siente triste, angustiado y frustrado. En su conducta suele haber una actitud perfeccionista, de excesivo control e hipervigilancia, escasa comunicación y miedo a la intimidad. Por supuesto, la autoestima de estar personas está minada. Los afectados pueden intentan aliviar el sufrimiento que les causa la dependencia mediante un consumo excesivo y descontrolado de comida, alcohol y otro tipo de drogas.

Algunas características y actitudes típicas de la codependencia:

Tengo dificultades para identificar lo que siento.

Me considero totalmente desinteresado y dedicado al bienestar de los demás.

Me siento avergonzado cuando recibo reconocimiento, elogios o regalos.

Actúo en contra de mis valores e integridad para evitar el enojo o el rechazo de otras personas.

Soy sumamente leal y permanezco en situaciones dañinas demasiado tiempo.

De doy más valor a las opiniones y los sentimientos de los demás que a los míos y frecuentemente temo expresar mis opiniones y sentimientos cuando difieren de los que manifiestan los demás.

Tengo que sentir que “me necesitan” para poder tener una relación con los demás.

 

Si crees que estás de acuerdo con demasiados puntos de esta lista o te has sentido identificado con otros comentarios del artículo puedes pedir ayuda a un profesional para iniciar terapia. Otra opción son los grupos de auto-ayuda (frecuentemente tomados de los programas de 12 pasos que popularizaron los grupos de alcohólicos anónimos). Puedes buscar en internet CoDA para saber si en tu localidad se hacen con regularidad.

 

 

Miércoles, 15 Enero 2014 19:07

Aprender a querer mejor

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Aprender a querer mejor

Desde pequeña he sentido una enorme curiosidad por el mundo de las personas. ¿Qué mueve a una persona a actuar de un modo u otro? ¿En base a qué valores lo hace? ¿qué experiencias vividas hay detrás de un simple acto? ¿cómo a partir de nuestra historia personal nos relacionamos con el entorno? Muchas son las preguntas que suscitan en mí una incansable y ambiciosa necesidad de encontrar respuestas.

Una buena manera para aprender es observando y esto lo enlazo con lo que será el tema principal de este artículo: el amor. Hoy en día, si nos detenemos para analizar el tipo de relaciones que establecemos, no tardaremos mucho en darnos cuenta que poco tienen que ver con lo que es el amor.

18 de Diciembre. Sólo abrir los ojos percibo que hoy es un día distinto. El por qué aún no lo sé, el caso es que me siento más reflexiva de lo normal y me atrevería a decir que incluso más conectada conmigo misma. Al cabo de unos minutos, recibo un whatsapp de mi madre que me dice de encontrar un hueco durante la semana para comprar el regalo de Navidad. Al cabo de poco tiempo, mi padre también me escribe planteándome lo mismo. Aún estoy en la cama. Me siento agradecida por lo que me proponen pero a la vez me siento incómoda: además de ser Navidad es mi cumpleaños y por ésto tengo que tener más regalos? ¡Pobres papás el gasto que les espera! Y por si fuera poco este año 2013 va acompañado de la mayoría de edad de mi hermano...

El pasado mes de junio 2013, se publicó el informe: Estimaciones globales y regionales de la violencia contra las mujeres: prevalencia y efectos en la salud de la violencia en la pareja y abusos sexuales fuera de la relación de pareja. Este documento, elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Escuela de Londres de Higiene y Medicina Tropical (The London School of Hygiene and Tropical Medicine) y el Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica  (The South African Medical Research Counsil), presenta la primera revisión sistemática global sobre la prevalencia de dos formas de violencia contra las mujeres: la violencia por parte de su pareja y la violencia sexual por parte de alguien que no es la pareja.

El trabajo muestra, por primera vez, estimaciones globales y regionales de la prevalencia de estas dos formas de violencia, generadas con los datos de población de todo el mundo, que se han recopilado de forma sistemática.

El informe también detalla los efectos de la violencia sobre salud física, mental, sexual y reproductiva de las mujeres.  De este modo, se ha puesto de manifiesto que la violencia contra la mujer es un problema de salud pública, así como una violación de los derechos humanos de las mujeres.

Algunos de los resultados más destacables son:

El 35% de las mujeres de todo el mundo ha experimentado algunos de los dos tipos de violencia evaluados.

La mayor parte de esta violencia, es la que se da dentro de la pareja. A vinel mundial, casi un tercio (30%) de todas las mujeres que han tenido una relación, ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de su pareja. Si tenemos en cuenta algunas regiones concretas, el porcentaje asciende al 38%.

A nivel global, el 38% de los asesinatos de mujeres, son cometidos por sus parejas.

Las mujeres que han sido maltratadas física o sexualmente por sus parejas, tienen más probabilidad de tener problemas importantes de salud. Por ejemplo, son un 16% más propensas a tener un bebé de bajo peso al nacer, tienen más del doble de probabilidades de tener un aborto, casi el doble de probabilidades de sufrir una depresión y, en algunas regiones, 1,5% más de probabilidad de contraer el HIV, en comparación con las mujeres que no sufren maltrato por parte de sus parejas.

A nivel mundial, el 7% de las mujeres han sido asaltadas sexualmente por un agresor que no era su pareja. Hay pocos datos sobre los efectos en la salud de este tipo de agresiones, sin embargo, la evidencia revela que las mujeres que han sufrido este tipo de violencia son 2,3 veces más propensas a tener un consumo abusivo de alcohol y 2,6 veces más de sufrir depresión o ansiedad.

De estos datos, se deriva que hay una clara necesidad de intensificar los esfuerzos tanto para procurar prevenir la violencia, como para proporcionar los servicios necesarios para las mujeres que ya la sufren.


Las variaciones en la prevalencia, que se dan según los países y regiones, ponen de manifiesto que la violencia se puede prevenir. Para ello es necesario promover los factores económicos y socioculturales que fomenten que se detenga la violencia contra las mujeres, como por ejemplo, asegurar los derechos económicos y legales de las mujeres, eliminar las desigualdades de género en el acceso al empleo o reducir la exposición infantil a la violencia.

Además de la prevención, otro objetivo pendiente del sector sanitario, es proporcionar una atención adecuada a aquellas mujeres que ya han sufrido violencia de algún tipo. Las nuevas guías clínicas y políticas de la OMS, hacen hincapié en la necesidad de integrar cuestiones relacionadas con la violencia en la formación clínica. Es importante que los profesionales de la salud entiendan la relación entre la exposición a la violencia y la mala salud de las mujeres, para que puedan detectarlo lo antes posible.

Este trabajo pone de manifiesto que la violencia contra las mujeres es un fenómeno generalizado a nivel mundial. No se trata de un pequeño problema aislado, sino que es un problema de salud pública a nivel mundial, de proporciones epidémicas y que requiere acciones inmediatas.

 

El informe completo se encuentra en: http://infocoponline.es/pdf/InformeViolenciaOMS2013.pdf

Romper relación pareja

"Cuando rompemos una relación de pareja deberíamos ir todos al psicólogo". Esta afirmación corresponde a la Psicóloga Silvia Congost publicada en la vanguardia. http://www.lavanguardia.com/vida/20130711/54376678501/rompemos-relacion-deberiamos-ir-todos-psicologo.html

La nota es mucho más rica que el título sensacionalista. No estoy de acuerdo con esta afirmación, ya que no es necesario un psicólogo para cada crisis vital. Hay muchas que se superan en soledad y de manera satisfactoria.

En lo que coincido es en que, después de una ruptura, es útil y provechoso que nos preguntemos qué ha ocurrido. No sirve buscar culpables, no se trata de eso. Se trata de revisar el rol que hemos tenido, ajustar expectativas para la nueva etapa y aprender de la experiencia.

Comparto el resto de la nota. Creo que nos permite reflexionar  mucho. Personalmente...ya he encargado el libro ;)

Viernes, 28 Junio 2013 00:00

¿Qué es la felicidad?

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Que es felicidad?

¿Soy feliz? ¿Qué hay que hacer para ser feliz?

Algunos afirman con total certeza que la felicidad no existe. Al contrario, en mi opinión, una vida feliz es la meta de toda persona. Y es absolutamente alcanzable. Una buena vida no se puede definir por lo que has conseguido tener materialmente, ni por tu estado civil o familiar, laboral, etc.

Yo creo que una buena vida es aquella que es una vida feliz.

La felicidad es un estado, no es una emoción. Es un rasgo estable en una personalidad y no implica que no haya, en una vidad feliz, momentos de tristeza.
La felicidad es escurridiza y está, según los científicos, en los momentos y gestos más pequeños de nuestra existencia.

Os recomiendo el libro Pequeñas grandes cosas, del médico barcelonés Albert Figueras (con prólogo de Lucía Etxebarría, que me encanta), donde comenta los placebos personales que nos construimos para acercarnos a esta felicidad. Según él mismo, las ideas clave de este libro son:

  • Hay momentos en el día a día de nuestra existencia en los que nos sentimos bien. la felicidad que tanto anhelamos todos los seres humanos -y de la que tanto se han ocupado filósofos, escritores, cineastas, sacerdotes y publicistas desde el origen de todo- es, simplemente, esto.
  • Dicho bienestar está limitado en el tiempo, y lo percibimos como tal por contraste: va precedido y está seguido de momentos en los que no nos sentimos tan bien.
  • Por fortuna, estos momentos de felicidad son efímeros, puesto que el cerebro tiene una manera especial de operar: si algún estímulo dura demasiado, dejamos de prestarle atención o no lo encontramos tan placentero. Dos semanas de felicidad 24/24 horas se volverían insoportables.
  • Muchas veces, la felicidad es sutil y se encuentra en los detalles; estos momentos se nos pueden escapar para siempre si no prestamos atención suficiente a lo que está aconteciendo a nuestro alrededor. Por ejemplo, si vamos montados en el avión de la prisa o si optamos por establecer relaciones superficiales con los demás.

Entonces a tí ¿Qué te hace falta para ser feliz?

Viernes, 07 Junio 2013 00:00

Inteligencia Sexual

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Inteligencia sexual

Una de las recompensas especiales por aprender y aplicar las habilidades sexuales es que las relaciones sexuales de la pareja mejoran enormemente. Igual que nos encanta disfrutar de unas merecidas vacaciones después de haber trabajado a destajo, una sexualidad gratificante puede ser una grata recompensa, además de algo que puede rejuvenecer nuestro cuerpo, la mente y el alma.

La principal característica que distingue a un matrimonio de una relación amistosa es la sexualidad. Ésta alimenta, directamente, nuestros lados masculino y femenino más que cualquier otra actividad que una pareja pueda compartir. El sexo tiene un enorme poder para acercarnos. Una sexualidad gratificante no es sólo el síntoma de una relación sana y equilibrada, sino también es un factor fundamental  dentro de una relación satisfactoria.

 

Una sexualidad gratificante nos acerca más al sentimiento de amor hacia la otra persona y puede también ayudar a cubrir muchas necesidades emocionales. Por ejemplo, una buena comunicación con la pareja, tener y cultivar la confianza para pedir las cosas que nos gustan o poder decir que no a aquello que no nos apetece, todos estos factores, son signos positivos de una madurez emocional y de pareja, además de colaborar a nuestra autoestima. Los matices de los juegos de cama pueden ser varios, y cuantos más registros seamos capaces de experimentar y practicar, más rica y creativa será también la sexualidad que vivamos. Los juegos sexuales pueden ser cariñosos y tiernos, o fuertes y duros (modalidad que muchas parejas han empezado a probar después del famoso 50 sombras de Grey). Puede ser urgente y espaciado en el tiempo. Romántico, egoísta, erótico…con frío o con calor… en fin…para poder mantener viva la pasión en una pareja estable es necesario trabajar en ella cada día.

Para crear una sexualidad gratificante, no basta con que los hombres o las mujeres sigan sus instintos más biológicos. Los cambios que se producen con el tiempo hacen que la calidad del sexo se vea muy mermada si no ponemos mucho, mucho de nosotros, LOS DOS, para combatir la rutina y la monotonía que por fuerza aparecen y nos invaden si nos dejamos llevar.

¿Qué has hecho últimamente para avivar la chimenea en tu pareja? ¿Qué te parece conocer nuevas técnicas para experimentar con tu amante/tu chico/a/marido o mujer?

Miércoles, 27 Marzo 2013 00:00

Familias Monoparentales en aumento

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Me pregunto cuantas de nosotras nos sentiríamos identificadas con esta historia. “El otro día compré una pequeña estantería para el piso. Pero cuando la monté y la coloqué en su sitio me di cuenta de que no me gustaba nada. Así que se la regalé a mi madre, que vive en una casa muy grande y sabía que en ella encontraría algún hueco donde le quedara bien. Vino a mi piso a buscarla y la bajamos juntas, para meterla en el coche. Entonces vimos que no cabría a no ser que la desmontásemos de nuevo. Y venga, otra vez para arriba con el mueble. Con todo ese número a mi madre y a mí nos dio un ataque de risa. Y ella me dijo: “¿Te imaginas lo que hubiera ocurrido si estuvieran aquí tu padre o tu ex marido? Nos habrían armado una buena”. Seguro que ellos me habrían criticado por comprar algo que no me gustaba y por nuestra ocurrencia de bajar con la estantería montada.”

La protagonista de esta anécdota, Carmina, trabaja en el Servicio de Información del Ayuntamiento, tiene una hija y está separada. Es la cabeza de familia de uno de los muchos hogares monoparentales que actualmente existen en España.

Como consecuencia del crecimiento en el número de divorcios, las familias compuestas por un único progenitor –la madre, en la gran mayoría de los casos- y un hijo, son cada vez más comunes.

Familias monoparentales

Hogares sin hombres, donde muchos niños ven hasta qué punto se reduce su nivel de vida cuando se depende de la pensión alimenticia que pasa el padre (cuando la paga) y de los ingresos que consiga la madre con su trabajo, son más comunes cada día y siguen en proyección de continuar aumentando.

Pero no todo son penurias para la mujer separada. En realidad, ella es quien toma la decisión de romper en la mayoría de los casos y respira aliviada cuando el marido abandona el hogar. Con él se marchan también muchas tensiones y un alto nivel de desgaste emocional.

Además muchas mujeres afrontan el reto de sacar adelante a su familia sin más ayuda económica que la que ellas puedan aportar. Y lo consiguen.      Familias monoparentales

Las madres solteras también forman parte de este modelo de familias. En la actualidad, la mujer soltera que se queda embarazada se ha librado (casi) del estigma social que antes la marcaba, al menos en las zonas urbanas. Según indican los últimos sondeos, un alto porcentaje de españoles considera que la mujer es libre de tener hijos sin establecer una relación de pareja.

Si bien en Suecia, Noruega y Dinamarca, la mitad de los nacimientos tiene lugar fuera del matrimonio desde hace unos cuantos años (ojo, digo fuera del matrimonio y no de madres solteras únicamente), en España, mientras aún sea necesario disponer de dos salarios para llegar a fin de mes, lo tenemos muy difícil. El perfil de madre soltera voluntaria en países nórdicos y EEUU responde al de una mujer treintañera (a veces desde los veintitantos), económicamente independiente y sin pareja estable, que quiere cumplir con sus anhelos de ser madre a pesar de que el hombre de su vida aún no haya aparecido en escena.

¿Qué piensas de este tipo de familia? ¿Es preferible vivir en un matrimonio infeliz o asumir sola las riendas de la casa y los hijos (en la gran mayoría de hogares este ya es terreno femenino) y garantizarles un bienestar emocional?

Fragmento adaptado del libro Soy madre, trabajo y me siento culpable, de Sonsoles Fuentes, Ed Grijalbo.

Recomiendo visitar la web de la Federació Catalana de Families Monoparentals: www.familiesmonoparentals.org

Jueves, 07 Junio 2012 00:00

Luz interior: nuestras capacidades y fortalezas

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Leyendo el artículo de Valeria sobre la autoestima (Autoestima. Ser uno mismo) y el de Juande sobre el PSI, las capacidades y fortalezas, el empoderamiento... (El cambio en el tratamiento de la enfermedad mental. La atención domiciliaria. Qué es el PSI?) me han hecho pensar en un pequeño cuento de la tradición sufì que he leido en varias ocasiones:

Se dice que una noche Nasrudìn se encontraba mirando hacia el suelo, dando vueltas alrededor de una farola. Y un vecino que pasaba por la zona le preguntò: “¿Has perdido alguna cosa, Nasrudìn?”. Y éste le contestò: “Sí, estoy buscando mi llave”. Y seguidamente el vecino se puso a buscarla con él. Después de un rato apareció una vecina, que, intrigada, les preguntó qué estaban haciendo. “Estamos buscando la llave de Nasrudìn”. Y ella también se animó a ayudarles a encontrarla. Más tarde, otro vecino se unió a ellos y juntos buscaron y buscaron la llave de Nasrudìn.

Cansado y con ganas de irse a dormir, uno de los vecinos finalmente le preguntó: “Nasrudìn, llevamos buscando tu llave durante varias horas... ¿Estás seguro de haberla perdido en este lugar?” Y enseguida éste negó con la cabeza. “Entonces, ¿dónde crees que la has perdido?”. Sin dudarlo, Nasrudìn respondió: “La he perdido dentro de mi casa”. Sorprendido, otro vecino intervino en la conversación: “Pero, ¿por qué la estamos buscando aquí? Nasrudìn les miró muy seriamente y dijo: “Pues porque mi casa está muy oscura y aquí hay más luz”.

Posiblemente la mayoría necesitemos a alguien que nos acompañe en esa “búsqueda de la llave” o que nos haga darnos cuenta de que no buscamos en el lugar correcto. De igual manera, muchos temen mirar adentro por la oscuridad. Sin embargo, podemos sorprendernos. Una vez dentro, nuestros ojos se irán acostumbrando poco a poco a la oscuridad, de manera que nos será mucho más fácil manejarnos por el camino hacia nuestro interior, descubriendo que al final del todo está la luz que cada uno poseemos. El autoconocimiento es la llave que abre la puerta hacia nuestro interior, que es donde podemos conectar con nuestro bienestar. Todos poseemos unas capacidades y fortalezas innatas que se pueden potenciar para aumentar la funcionalidad y lo saludable que toda persona tiene, aspectos que nos llevan directamente hacia la luz.

¿Y qué son estas capacidades y fortalezas?:

- Cualidades y/o atributos personales, considerados como las características que definen lo que somos, cómo nos percibimos y cómo nos perciben. Resulta interesante para que se dé un proceso de reconfirmación de la identidad, puesto que se reconoce externamente algo que la persona desea o percibe internamente.

- Talentos y habilidades; es decir, características personales que hacen que la persona sea vista en la realización de tareas concretas como competente. Todas las personas desean ser competentes en algo, pero lo más importante para muchos es que otros reconozcan esta competencia en algún área personal.

- Fortalezas del entorno o medioambientales que son todos aquellos recursos dentro de la sociedad en la que vivimos que pueden hacer que la persona pueda conseguir sus objetivos. Recursos como: la familia, la comunidad, el ámbito laboral o formativo. En definitiva, serían todos aquellos lugares donde la persona puede interactuar sintiéndose segura, reconocida y valorada.

- Intereses y aspiraciones, entendidos como los proyectos de futuro, los hobbies, sueños, ambiciones en los que la persona invierte tiempo y pasión, buscando el logro, la autorrealización y la satisfacción personal.

Para ser conscientes de ello quizás necesitemos un acompañamiento profesional que nos ayude a conocernos y a tomar las riendas de nuestra vida.

Os animamos a intentarlo!!

Eva Rodríguez, equipo A-TI, Plus psicología, Barcelona.

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