Viernes, 18 Diciembre 2015 00:00

Controlar la mente

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No somos nuestro cuerpo.
Algunas tradiciones de crecimiento personal se esfuerzan por remarcar que somos mucho más que nuestro cuerpo. Algunas creen que tenemos: “cuerpo y alma”, o un cuerpo y un psiquismo, una personalidad, etc. Sea cual sea tu creencia, tu educación o la religión de tu familia, casi todos estamos de acuerdo en que somos mucho más que nuestro cuerpo.

Los terapeutas que trabajamos con mindfulness sabemos, además, que no somos nuestra mente. La mente es la actividad producida por el cerebro. Así que, cada cerebro, en función de su experiencia, estructura, su química, etc. producirá diferentes contenidos mentales. Los contenidos mentales pueden ser  formas de percibir las cosas, pensamientos, una determinada lógica, etc. cada persona es más que su mente.  Nuestro cerebro y nuestra mente son parte de nosotros, pero somos mucho más que eso.

A veces, cuando afirmamos esto algunas personas se asustan y dicen: ¿Pero qué quiere decir? Primero que no soy mi cuerpo, ¿ahora que no soy tampoco mi mente? ¿En qué lugar quedo?

Si nuestro cuerpo es como la carrocería de un coche, el espíritu es el motor, la parte  más importante del vehículo. Como tal, debemos otorgarle una atención y unos cuidados especiales. Uno puede funcionar con una carrocería muy gastada y deteriorada si tiene un excelente motor.  A muchas personas les gustaría tener una carrocería Ferrari. Bueno, a decir verdad creo que a casi todos nos gustaría! Pero no puedo imaginar la vergüenza que pasaría llevando ese coche despampanante, atraer unas cuantas miradas, y que no sea capaz de arrancarlo una y otra vez.  No podemos ir a ningún lado sin un buen motor. El motor, como he dicho, es mi interior, psiquismo o como quiera llamarlo. Necesitamos mentes poderosas, lúcidas y con capacidad de discernimiento. Necesitamos mentes que arranquen a la primera, que nos hagan caso. Una mente donde mi verdadero yo sea el conductor.

 

 Una mente correctamente ajustada y centrada, ayuda a conservar la energía vital que se desperdicia en emociones negativas o en un pensamiento errante. No es sorprendente que a menudo nos sintamos cansados o desmoralizados. Esta pérdida de vitalidad y la consecuente bajada de defensas nos  predispone a enfermedades. Los médicos de cabecera y de medicina general informan que entre el 70 y 80 por ciento de sus pacientes presentan malestares de origen psicológico, vagos sentimientos de “incomodidad”.  Buda utilizó un término elocuente para describirlo: duhka, que significa “descoyuntado”. Cuando se ha desperdiciado la vitalidad, no funcionamos bien, como si se tratase de algo desarticulado en nuestro motor. 

 

Eknath Easwaran, un conocido maestro de meditación decía: “cuando a los demás yo les devolvía ojo por ojo y diente por diente, cuando me enfurecía porque los otros se enfurecían o me distanciaba porque lo otros se apartaban de mí, mi abuela me decía: “Hijo mío, cuando actúas así me recuerdas a una pelota de goma. La tiras contra una pared y tiene que volver”. Tardé un tiempo, pero acabé por decidir que en mi vida no iba a convertirme en una pelota de goma.

 

Desarrollar nuestra vida espiritual nada tiene que ver con lo paranormal y lo oculto. Sin embargo, podemos llegar a tener unas capacidades que, para mucha gente, constituyen una especie de milagro, aunque se trate simplemente de una habilidad que cualquiera puede ir desarrollando a lo largo de los años de meditación: puedo decirle a mi mente qué es lo que debe hacer.

¿Dónde está el milagro? “Lo que puedo hacer yo, puede hacerlo cualquiera”. Las cosas son así: cuando le digo a mi mente lo que debe hacer, ella obedece. Si surge en mí un deseo de algo que mi cuerpo no necesita, sonrío y le digo cortésmente: “Por favor, déjalo”, y ella lo deja. Si algo voluminoso trata de entrar –por ejemplo, un pensamiento de ira-, no me dedico a juguetear con las palabras. Me limito a decir: “Fuera!”, y se va de inmediato.

La meditación hará por ti lo mismo que ha hecho por todos los que la practican de manera habitual: permitir que conduzcas tu coche con habilidad. Si deseas permanecer en tu carril y avanzar lentamente, tu mente te obedecerá. Si deseas cambiar de carril, girar a la derecha o a la izquierda, o incluso hacer un giro de 180 grados, tu mente te hará caso. Cuando tu mente haga lo que le ordenas en cada momento, habrás dominado el arte de vivir. Ya no dependerás de las circunstancias externas: puedes decidir cómo deseas reaccionar, ocurra lo que ocurra. Ahora se puede pensar en lo que se desee pensar.

 Esta perspectiva permite separarse de los problemas del cuerpo y de la mente. Por una parte, las emociones negativas ya no constituyen una amenaza. Me he referido a la ira, pero también quedan bajo el control el miedo y la depresión. El motor de la mente puede ajustarse en gran medida del modo deseado. Uno se vuelve plenamente responsable tanto de sus propios estados mentales como de su conducta.

Viernes, 27 Noviembre 2015 00:00

Cómo tratar las emociones difíciles con mindfulness

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Si ya has hecho algunos ejercicios de mindfulness has visto cómo al fijar la atención en el cuerpo se produce, como un efecto secundario, una especie de relajación y alivio emocional. Ese es el primer paso para la regulación de las emociones: estabilizar la atención. El paso siguiente es volverse hacia las emociones difíciles.

¿Pero por qué alguien querría conectar con las emociones difíciles? ¿No me hará esto sufrir más u ocasionar más dolor o malestar? La verdad es que los sentimientos difíciles forman parte de la vida de todo el mundo; por eso es mejor afrontarlos de la mejor manera posible. Nunca podremos relajarnos si huimos de nuestros sentimientos. Algunas emociones difíciles desaparecen por sí misma porque son poco intensas, como podría ser la rabia porque perdió tu equipo de fútbol o porque te hicieron una multa en el coche, pero otras emociones generadas por la discusión con alguien importante para ti, o tener que ver todos los días la cara de un compañero de trabajo que no te gusta, peleas o frustraciones en la pareja, puede que nunca nos abandonen. El alivio sólo puede llegar si podemos mirar lo que ocurre de otra manera, sin intentar huir, sino lanzando una mirada nueva a estos sentimientos y modificando nuestra relación con ellos.

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